| Conservación de la biodiversidad |
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Especies prioritarias
Ante el enorme reto de conservar el elevado número de especies
de flora y fauna mexicanas, y considerando la dificultad de contar con
programas individualizados para todas ellas, el Programa de Conservación
de la Vida Silvestre y Diversificación Productiva en el Sector
Rural 1997-2000 propuso una serie de proyectos para un conjunto de plantas
y animales que, a juicio de los especialistas, deberían ser las
especies prioritarias. Algunos de los criterios que se tomaron en cuenta
para seleccionar estas especies fueron: el riesgo de extinción,
la factibilidad de recuperarlas y manejarlas, los posibles efectos adicionales
que produciría su conservación directa (por ejemplo, la
conservación de otras especies o hábitat) y su valor por
ser especies carismáticas o bien poseer un alto grado de interés
cultural o económico.
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La parte medular de dichos proyectos consistió en la creación
de santuarios y la formación de Comités Técnico-Consultivos
para la Recuperación de Especies Prioritarias, encargados de
organizar y conjuntar intereses de todas aquellas instituciones y personas
involucradas e interesadas en la conservación de estas especies.
En la actualidad ya se tienen elaborados y publicados diez programas
de manejo (véase Proyectos
de conservación y recuperación de especies prioritarias)
(Tabla 6.5).
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Áreas naturales protegidas
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La creación de zonas protegidas ha sido la principal
respuesta a la destrucción acelerada del hábitat experimentada
desde el siglo pasado. En los últimos 30 años ha habido
un crecimiento importante de las zonas protegidas en el mundo: en 1970
existían 3 392 áreas protegidas con una superficie total
de 2.78 millones de km2, en el año 2000 se registraron 11 496 sitios
con una superficie total de 12.18 millones de km2 (Figura 6.5). |
En México,
la creación de zonas protegidas también ha sido la estrategia
de conservación más utilizada. El proceso de creación
de estas zonas se inició formalmente en 1876 con la protección
de los manantiales del Desierto de los Leones en el Distrito Federal y
posteriormente, en 1898, con la primera Área Natural Protegida
en el bosque del Mineral del Chico en el estado de Hidalgo. La entrada
formal de México a la corriente internacional de parques nacionales
se dio durante el periodo de Venustiano Carranza, con el decreto para
constituir al Desierto de los Leones como el primer parque nacional en
1917 (Semarnap-Conabio, 1995).
Las Áreas Naturales Protegidas (ANP) son porciones terrestres o
acuáticas del territorio nacional representativas de los diversos
ecosistemas, en donde el ambiente original no ha sido alterado significativamente
por la actividad humana y proporcionan servicios ambientales de diversos
tipos. El decreto presidencial que formaliza la creación de ANP
especifica el uso del suelo y las actividades que pueden llevarse a cabo
en ellas. Las ANP están sujetas a regímenes especiales de
protección, conservación, restauración y desarrollo,
según categorías establecidas en la Ley General del Equilibrio
Ecológico y la Protección al Ambiente. La Comisión
Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), órgano
desconcentrado de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales
(Semarnat) es responsable de las ANP en México (véase ¿Qué_es_la
Conanp?).
La función principal de las ANP es la protección y conservación
de los recursos naturales de importancia especial, ya sean especies de
fauna o flora o bien de ecosistemas representativos a nivel local, regional
e internacional. Además, las ANP generan diversos servicios ambientales,
como la protección de cuencas, captación de agua, protección
contra erosión y control de sedimentos. Asimismo, son utilizadas
con fines de recreación, turismo y para la investigación
científica. Aunque existen dudas sobre la eficiencia de las ANP
para conservar la diversidad biológica, análisis recientes
de zonas protegidas en distintas partes del mundo muestran que la mayoría
detienen, en cierto grado, el avance de la deforestación y disminuyen
la presión sobre las poblaciones de flora y fauna silvestres (PNUMA,
2002). |
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Durante los últimos años se ha realizado un esfuerzo considerable
para incrementar el número de áreas protegidas en México.
En 1996 existían 107 áreas con una superficie total de
alrededor de 11.7 millones de hectáreas, cubriendo el 5.9% del
territorio nacional (OCDE, 1998). Para el año 2001 ya se contaba
con 128 ANP (Cuadro_III.4.5.18
y Cuadro III.4.5.19) con
una superficie total acumulada de alrededor de 17 millones y medio de
hectáreas (Tabla_6.6, Figura
6.6), una cuarta parte de ellas localizadas en zonas marinas.
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Para el año 2001, el área conjunta de las ANP representaba
el 8.8% de la superficie del país, proporción superior
a la que tiene África (7.11%), Asia Oriental (8.28%) y Europa
(5%), aunque está por debajo del promedio de los países
miembros de la OCDE (12.4%) (Tabla
6.7) (OCDE, 2002).
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La mayoría de los principales ecosistemas del país están
representados dentro de los límites de las ANP, siendo los matorrales
xerófilos de zonas áridas (47%), las selvas húmedas
(12%) y los bosques templados (11%) los que ocupan la mayor proporción
(Figura 6.7, Cuadro III.4.5.21).
De acuerdo con la Ley General del Equilibrio Ecológico y la
Protección al Ambiente (LGEEPA), existen siete categorías
de manejo: Reservas de la Biosfera (RB), Parques Nacionales (PN), Monumentos
Nacionales (MN), Áreas de Protección de los Recursos Naturales
(APRN), Áreas de Protección de Flora y Fauna (APFF) y
Santuarios (S) (Figura 6.8).
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Además, existen los Parques y Reservas Estatales (PyRE) y las
Zonas de Preservación Ecológica de los Centros de Población
(ZPE) (Recuadro_III.4.5.6).
En el año 2001 la categoría con mayor número de
áreas decretadas era la de Parque Nacional con 66, sin embargo,
sólo representaban el 7.7% de la superficie total protegida del
país; muchas de ellas (30%) no alcanzan las 1 000 hectáreas,
superficie considerada como la mínima para garantizar la conservación
de los ecosistemas, según la IUCN (Ordóñez y Flores,
1995) e, incluso, algunas han perdido por completo su vegetación
original (Conabio, 1998).
En las 31 Reservas de la Biosfera actuales se concentra la mayor superficie
protegida del país (59%). La principal función de las
Reservas de la Biosfera es la de constituirse como espacios de investigación
y concertación para la conservación y el desarrollo regional
sostenible (Conabio, 1998). En ellas se albergan especies representativas
de la biodiversidad nacional, incluyendo las consideradas endémicas,
amenazadas o en peligro de extinción.
Las Áreas de Protección de Flora y Fauna (APFF) abarcan
el 27.8% del total de la superficie protegida. Las 22 APFF se encuentran
ubicadas tanto en zonas con una considerable riqueza de flora o fauna
como donde se presentan especies, subespecies o hábitats de distribución
restringida (Conanp, 2002). Las cuatro áreas decretadas como
Monumento Nacional comprenden el 0.08% de la superficie protegida; contienen
uno o varios elementos naturales y por su carácter único
estético, valor histórico y científico, están
incorporadas a un régimen de protección absoluta (Conanp,
2002). Actualmente sólo un área está decretada
como Protección de los Recursos Naturales: Sierra de los Ajos/Bavispe
en Sonora. Además, existen cuatro áreas naturales protegidas
que tienen decretos con diferentes denominaciones; representan el 3.47%
de la superficie total protegida en el país y se encuentran en
proceso de recategorización.
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Del total de las ANP, 60 se encuentran en proceso de consolidación,
25 de las cuales ya cuentan con un programa de manejo publicado (Cuadro
III.4.5.24).
Durante el periodo 1995-2001 se tramitó un total de 2 023 permisos
para realizar actividades en las ANP (Figura 6.9), de los cuales el
87.1% correspondió a actividades turísticas, acuático-recreativas,
de campamento y de educación ambiental y el 12.9% a actividades
de filmación y fotografía.
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Regiones prioritarias
La regionalización (división de un territorio en áreas
menores con características comunes) es una herramienta metodológica
básica en la planeación ambiental. Por ello, en los últimos
años la Conabio ha desarrollado un programa con talleres de expertos
encaminado a identificar y diagnosticar las regiones prioritarias para
la conservación. Los requisitos básicos para considerar
un área como prioritaria son su alta diversidad e integridad
ecológica. Como resultado de este programa se han identificado
en México 151 regiones prioritarias terrestres, 70 marinas y
110 hidrológicas (en aguas continentales).
Las regiones prioritarias terrestres cubren una superficie de 504 796
km2 (Mapa_III.4.1.1) y predominan
en ellas los bosques de pino y encino, selvas caducifolias y superficies
dedicadas al aprovechamiento agropecuario y forestal (Figura 6.10).
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En relación con las regiones prioritarias marinas (Mapa_III.4.1.3)
se tienen identificadas 70 áreas costeras y oceánicas
(Cuadro III.4.1.3), de las
cuales 43 se localizan en el Pacífico y 27 en el Golfo de México
y el Mar Caribe, aunque, si se compara la superficie total, las regiones
prioritarias definidas para el Pacífico abarcan apenas el 40%.
De las regiones prioritarias definidas 23 son áreas litorales,
33 nerítico-litorales, nueve oceánicas (incluyendo islas)
y cinco nerítico-oceánicas. En poco más del 60%
de las regiones marinas identificadas se pudo definir con claridad la
existencia de amenazas sobre la biodiversidad (Figura 6.11).
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A pesar de que se reconoce que la información de la biodiversidad
marina es menor a la de los biomas terrestres, 58 de las regiones marinas
se consideran sitios de alta diversidad; en contraste, en ocho de las
regiones definidas se reconoció su importancia biológica,
aunque no existe información suficiente sobre su biodiversidad.
Cuarenta y tres de las ANP están contenidas total o parcialmente
en 34 de las Regiones Prioritarias Marinas definidas. La sobreposición
es grande en los casos de islas y archipiélagos y muy escasa
en las zonas costeras y oceánicas, lo que muestra claramente
la necesidad de identificar las zonas más importantes en costas
y mar abierto a fin de implementar mecanismos para su protección.
Para el caso de aguas continentales, se tienen identificadas 110 regiones
prioritarias hidrológicas (Mapa_III.4.1.6,
Cuadro_III.4.1.5, Figura 6.11),
de las cuales 75% son áreas de alta riqueza biológica,
alrededor del 70% presenta amenazas serias a su biodiversidad y en 29
de ellas existe muy poca información sobre su biodiversidad.
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Conservación de tortugas marinas
Por ser especies migratorias, las tortugas marinas son
consideradas como un recurso compartido geográficamente entre varios
países. En México y el mundo, las poblaciones de las diferentes
especies de tortugas marinas se encuentran presionadas por diversas causas,
como el saqueo de nidadas, la captura y el sacrificio de hembras antes
de depositar sus huevos en la playa, la captura incidental de juveniles
y adultos, el comercio ilícito de subproductos, como las pieles
y el carey, además de la fragmentación y pérdida
del hábitat de reproducción y forrajeo. Por lo anterior,
las tortugas marinas se encuentran incluidas en el Apéndice I de
la Convención Internacional para el Comercio de Especies Amenazadas
de Flora y Fauna Silvestre (CITES) y su manejo, recuperación y
posible aprovechamiento están sujetos a programas que involucran
tanto reglamentos nacionales como internacionales.
En México, la protección y conservación de las tortugas
marinas se lleva a cabo principalmente en los llamados campamentos tortugueros.
Desde 1966 el Instituto Nacional de Pesca (INP) estableció Programas
Nacionales de Investigación de Tortugas Marinas y de Protección,
Conservación, Investigación y Manejo de Tortugas Marinas.
En 1991 este último programa determinó la instalación
permanente de campamentos tortugueros para las siete especies de tortugas
que habitan en mares mexicanos: Lepidochelys olivacea (golfina),
Dermochelys coriacea (laúd), Chelonia agassizii
(prieta o negra), Lepidochelys kempi (lora), Chelonia mydas
(verde o blanca), Caretta caretta (caguama) y Eretmochelys
imbricata (carey). Los campamentos fueron instalados en 12 playas
de diez estados de la República Mexicana.
Las principales playas donde se ha registrado anidamiento de las tortugas
marinas mexicanas se muestra en la Figura 6.12. y Tabla
6.8. Una de las funciones de dichos campamentos es la protección
y conservación de las tortugas mediante recorridos en las playas
para recolectar y trasplantar nidos, sembrar huevos en corrales de incubación
y liberar crías. A mediados de 2001 se integró en un solo
programa a cargo del gobierno federal la operación de 27 campamentos
tortugueros denominados Centros de Protección y Conservación
de las Tortugas Marinas (CPCTM), 13 de ellos provenientes de la Dirección
General de Vida Silvestre (DGVS) y 14 del Instituto Nacional de Pesca
(véase Recuadro_III.4.5.4).
Además de los CPCTM, existen aproximadamente otros 130 campamentos
tortugueros, tanto fijos como temporales, que también llevan a
cabo acciones de protección y conservación y son operados
bajo convenios de colaboración por organismos no gubernamentales,
dependencias de gobiernos estatales y centros de investigación
(Cuadro III.4.5.16).

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Los 28 campamentos tortugueros operados por la DGVS a finales de 2001
se encontraban distribuidos en 15 estados de la República Mexicana
(Cuadro_III.4.5.11); Oaxaca
es la entidad que tiene el mayor número (cinco) (Figura 6.13).
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De las siete especies de tortugas marinas que residen en playas mexicanas,
tres son atendidas/protegidas en un mayor número de campamentos:
las golfina (16 campamentos), verde y laúd (nueve campamentos para
cada una); las tortugas carey y prieta son las menos frecuentes en los
campamentos tortugueros (Figura 6.14).
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La eficiencia, evaluada en términos de la relación crías
liberadas con respecto a huevos sembrados, ha mostrado un crecimiento
de 1993 a la fecha, al pasar de una eficiencia de casi el 50% en ese año
a más del 70% en 2001 (Figura 6.15).
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Para tener una idea de la situación reciente de las tortugas
en los campamentos, se pueden tomar como referencia los valores promedio
de nidos protegidos, huevos sembrados y crías producidas durante
el periodo de 1998-2001 en los campamentos de la Semarnat, en los que
se tienen buenos registros para seis de las siete especies (en el caso
de la tortuga lora sólo se tienen registros esporádicos
de 1998 y 1999). La tortuga golfina (Lepidochelys olivacea)
es, con mucho, la especie que más presencia tiene en los campamentos
tortugueros y habita en todos los ubicados en las playas del Océano
Pacífico. El promedio anual de nidos protegidos fue de poco más
de 5 500, de huevos sembrados casi 500 000 y de crías producidas
cerca de 350 000, lo que equivale a una eficiencia promedio del 73.4%
(Tabla 6.9).
Le sigue en importancia por el número de nidos protegidos la
tortuga carey (Eretmochelys imbricata), la cual fue registrada
en los campamentos de Tecolutla (Veracruz), Chenkán (Campeche),
Majahual (Quintana Roo) y Platanitos (Nayarit). De esta especie se protegieron
al año sólo 543 nidos, en promedio se sembró un
poco más de 81 000 huevos y se produjeron 60 000 crías.
Por su parte, la tortuga blanca o verde (Chelonia mydas) anidó
en cuatro playas: Tecolutla, Chenkán y X’Cacel y Majahual
(Quintana Roo); se protegieron 286 nidos, se sembraron 33 000 huevos
y se obtuvieron 27 564 crías en promedio. Cabe señalar
que esta especie es la que ha registrado el mayor éxito en términos
del número de crías producidas con respecto al número
de huevos sembrados, con una eficiencia del 86%. En el caso de la tortuga
caguama (Caretta caretta) sus playas de anidamiento más
importantes son X’Cacel y Majahual, con algunos registros esporádicos
en Tecolutla; en promedio se protegieron 300 nidos, se sembró
un poco menos de 40 mil huevos y se produjeron 31 187 crías al
año.
En cuanto a la tortuga negra (Chelonia agassizii), se tienen
datos de campamentos tortugueros en seis playas mexicanas; es la especie
de la cual se protegen menos nidos en promedio (menos de 10 nidos al
año), se siembran menos huevos (507 en promedio) y se producen
menos crías (254 en promedio), lo que equivale a una eficiencia
de 68.1%. Finalmente, la tortuga laúd (Dermochelys coriacea)
se registró en nueve playas incluyendo a Mexiquillo, considerado
como uno de los sitios de anidación más importantes de
esta tortuga en el mundo. A pesar de que el número de nidos que
se protege es relativamente alto, comparado con las demás especies
(330) el número de crías que se liberan es muy pequeño:
no alcanzan los mil ejemplares en promedio al año, con una eficiencia
de producción de sólo el 33.3% registrado durante el periodo
1998-2001.
Las dos amenazas principales de las tortugas marinas son la explotación
ilegal y la invasión de sus playas de anidamiento para el desarrollo
de centros turísticos o urbanos. De ahí que las acciones
orientadas a su protección y conservación dispongan en
primer lugar la elaboración de decretos para que las áreas
de anidación se mantengan como zonas de reserva natural. Otras
acciones implementadas son la veda, la prohibición de la explotación
de huevo y la prohibición del uso de redes de arrastre y enmalle
frente a playas de anidación. Para reducir la captura incidental
por parte de los barcos camaroneros se estableció el uso obligatorio
de dispositivos excluidores de tortugas (DET), que consisten en aparejos
que se adaptan a la entrada de la bolsa de la red camaronera para permitir
la salida de las tortugas antes de que se ahoguen; con esto se ha logrado
disminuir la mortalidad asociada a esta pesquería.
Los cetáceos
de México
En México se tienen registradas un poco más
de 40 especies de mamíferos marinos que corresponden aproximadamente
al 9% del total de mamíferos registrados para el país.
Las aguas del noroeste del país, incluyendo al Golfo de California,
es donde se concentra la mayor riqueza específica, ya que en
la región coexisten especies con afinidades tanto de aguas frías
y templadas como de aguas tropicales. En esta zona se encuentra presente
el 75% de las especies de mamíferos marinos que se encuentran
en el territorio nacional.
De los mamíferos marinos, el orden Cetacea, que comprende a las
ballenas, delfines y marsopas, es el mejor representado en nuestro país
con 371 especies (cerca del 50% del total
mundial). Del total de cetáceos de México el 22% son misticetos
–también llamados ballenas con barbas- y el 78% son odontocetos,
conocidos como delfines y marsopas (Tabla
6.10).
La zona del Golfo de California con 29 especies es la más rica
en cetáceos, seguida por las zonas del Pacífico Norte
y Golfo de México, cada una con 26 especies (Figura 6.16).

De las especies de cetáceos registradas en México algunas
tienen especial relevancia por ser migratorias, como los rorcuales,
la ballena azul, la ballena jorobada y la ballena gris. Estas dos últimas
son particularmente importantes ya que se reproducen en las aguas templadas
del Pacífico Norte mexicano durante el invierno. La vaquita marina
(Phocoena sinus) es el cetáceo mas pequeño de
México y habita exclusivamente en las zonas someras de la región
del Alto Golfo de California y Delta del Río Bravo.
De acuerdo con la NOM-059-ECOL-2001 todas las especies de cetáceos
de México se encuentran en la categoría de Sujetas a protección
especial con excepción de la vaquita marina y la ballena franca
que se encuentran en la categoría de Peligro de extinción.
El caso de la vaquita marina es de resaltar ya que, además de
su carácter endémico, el tamaño de la población
estimado en 1999 fue menor a los 600 individuos (Rojas-Bracho, 1999),
no se reproduce todos los años y presenta un periodo de gestación
largo (10-11 meses), lo que dificulta su recuperación.
La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza
(UICN), por su parte, incluye a la ballena azul, la ballena franca y
la vaquita marina dentro de la categoría de especie en Peligro
de extinción; además clasifica al cachalote, la ballena
piloto, la marsopa de Dall y a la ballena jorobada en la categoría
de especie Vulnerable.
No existe suficiente información sobre el tamaño de las
poblaciones de los cetáceos en aguas mexicanas que permita hacer
una evaluación precisa de su condición. La ballena gris
es una excepción, ya que se tiene información más
o menos continua desde 1968 del tamaño de su población
en la Reserva del Vizcaíno que muestra claramente su recuperación
(Figura 6.17). Sin embargo, se puede tener una aproximación del
estado de las demás especies a partir de la información
disponible de su condición en otras partes del mundo; así,
se considera que los delfines, en general, mantienen poblaciones grandes,
mientras que los mesoplodontes, la ballena franca y la marsopa de Dall
se consideran especies raras.

Los severos problemas a los que se enfrentaban estos animales, debido
a su intensa explotación durante el siglo XIX, generó
que el gobierno mexicano mostrara un gran interés por la conservación
de los mamíferos marinos y su hábitat. Desde entonces,
México ha sido uno de los países con mayor participación
en cuanto a la defensa de mamíferos marinos se refiere. Como
muestra se puede resaltar la creación de Áreas Naturales
Protegidas encaminadas a la conservación y protección
de estos animales. Entre ellas destaca la Reserva de la Biosfera “Alto
Golfo de California y Delta del Río Colorado” que comprende
desde la desembocadura del río Colorado hasta la desembocadura
del Río Santa Clara en la costa del estado de Sonora. Ésta
fue decretada como refugio en 1955 y a partir de 1993 se reclasificó
en la categoría de Reserva de la Biosfera; en ésta habita
la vaquita marina.
En mayo del 2002 el Gobierno de México declaró Área
de Refugio de Ballenas a todo el mar territorial y la zona económica
exclusiva de nuestro país, que abarcan en conjunto aproximadamente
3 millones de km2 en los océanos Pacífico y Atlántico
y Mar Caribe. En esta zona, de acuerdo con la adición del artículo
60 Bis a la Ley General de Vida Silvestre, ningún ejemplar de
mamífero marino, cualquiera que sea la especie, podrá
ser sujeto de aprovechamiento extractivo, ya sea de subsistencia o comercial,
con excepción de la captura que tenga por objeto la investigación
científica y la educación en instituciones acreditadas.
De manera complementaria, dentro de la política del medio ambiente
se han instrumentado programas especiales de conservación, como
el Programa de Conservación de la Vida Silvestre y Diversificación
Productiva en el Sector Rural 1997 – 2000, que contiene una línea
de proyectos y acciones para la conservación, investigación,
recuperación y manejo de la ballena gris, ballena jorobada y
vaquita marina.
La preocupación por la conservación de los cetáceos
en México también se ve reflejada en las normas oficiales
mexicanas. Las normas que están relacionadas con la protección
de los cetáceos en México son: 1) NOM-012-PESC-1994 que
establece restricciones específicas en el uso de redes agalleras
o de enmalle pasivas para contribuir con la conservación de la
vaquita marina; 2) NOM-EM-074-ECOL-1996, que regula las actividades
de observación de la ballena gris y su hábitat; 3) NOM-ECOL-131-1998
que establece lineamientos y especificaciones para el desarrollo de
actividades de observación de ballenas; 4) NOM-ECOL-059-2001
que establece la categoría de riesgo de las especies de flora
y fauna de México; 5) NOM-EM-PESC-2001, que establece los lineamientos
para la captura incidental de organismos juveniles de atún y
delfines; 6) NOM-EM-135-Semarnat-2001 que establece los lineamientos
regulatorios para la captura, transporte, manejo y condiciones de cautiverio
de mamíferos marinos, principalmente delfines y 7) NOM-ECOL-136-2002,
que específica las regulaciones existentes para los mamíferos
marinos en cautiverio.
México ha suscrito además, una serie de convenios que
protegen a los cetáceos y a su hábitat; entre los más
importantes tenemos el Convenio Internacional para la Reglamentación
de la Caza de la Ballena, al que México se integró en
1938, la Comisión Ballenera Internacional (CBI) en la que México
participa desde 1949, el Acuerdo Internacional para la Conservación
de la Fauna y la Vida Silvestre (CITES) al que México se unió
en 1991, la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos
del Mar, el Acuerdo Internacional para la Región del Gran Caribe,
así como el Convenio sobre Biodiversidad de la ONU. Además,
promovió el Código de Conducta para la Pesca Responsable,
formulado en el seno de la Organización de Naciones Unidas para
la Agricultura y la Alimentación (FAO) donde se comprometió
a conservar los ecosistemas acuáticos y a promover prácticas
de pesca de forma responsable y ambientalmente seguras. También
en el seno de la Convención Ballenera Internacional se prohibió
la cacería de la ballena jorobada en el Pacífico Norte
y se decretó a las Islas Marías, Revillagigedo e Isla
Isabel como áreas protegidas marinas.
1 El número
de especies podría llegar a 39 si se confirma la presencia en aguas
mexicanas de dos especies de mesoplodontes.
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