Arrecifes de coral


Los arrecifes coralinos constituyen uno de los ecosistemas más espectaculares del planeta. Son las comunidades más diversas, productivas y vulnerables de los mares, rivalizando en diversidad biológica tan sólo con las selvas tropicales y los bosques de niebla, dos de los ecosistemas terrestres más diversos. Se reconocen desde el espacio, ya sea como barreras que bordean cientos de kilómetros de costas continentales (como la Gran Barrera Australiana), o como atolones y pequeños cayos de múltiples tonalidades verdes y azules. Por debajo de la superficie del mar forman atractivos paisajes submarinos, dominados por corales duros y blandos de diversas formas y por una infinidad de especies de peces, crustáceos, equinodermos, moluscos e invertebrados.

Sin embargo, los arrecifes de las aguas cálidas tropicales y subtropicales no son los únicos que prosperan en los mares. La exploración en décadas recientes de la profundidad oceánica ha traído consigo el descubrimiento de extensas áreas de coral a grandes profundidades, en aguas frías, obscuras y ricas en nutrimentos. Aunque a la fecha se desconocen muchos aspectos de su diversidad biológica y ecología, se sabe que por su complejidad, tamaño y estructura bien podrían rivalizar en múltiples aspectos con sus contrapartes de aguas cálidas.

Además del valor estético que ofrecen, los arrecifes coralinos de aguas cálidas y frías brindan un gran número de bienes y servicios ambientales a la sociedad. Son lugares importantes para la reproducción y cría de muchas de las especies comerciales de consumo, sirven como protectores de las líneas de costa ante los embates de tormentas y huracanes, además de que han abastecido a las comunidades costeras durante largo tiempo de materiales de construcción. No debe olvidarse también su valor estético, como sitio de recreo y científico.

En México se reconocen tres zonas de arrecifes coralinos: la costa del Pacífico (que incluye algunos de los estados costeros, además de las Islas Marías y Revillagigedo), las costas de Veracruz y Campeche en el Golfo de México y la costa este de la Península de Yucatán (desde Isla Contoy hasta Xcalak, incluyendo al atolón de Banco Chinchorro) (Mapa a). Se estima que el área que ocupan los arrecifes coralinos de aguas cálidas en el país asciende a cerca de mil 780 kilómetros cuadrados, es decir, cerca del 0.63% del área total de este tipo de arrecifes en el mundo (Spalding et al., 2001).

En el caso de los arrecifes de aguas frías, poco se sabe de su distribución geográfica en el país. Los registros provienen fundamentalmente de colectas de ejemplares de algunas de sus especies en el Golfo de México, aunque no debe descartarse su presencia en las aguas territoriales del Pacífico. Lophelia pertusa, una de las especies de corales formadoras de arrecifes de aguas frías más importantes, se ha identificado en ciertas zonas del norte del Golfo de México y el Mar Caribe. De igual modo, Madrepora oculata, otra especie de coral de aguas frías, también se ha colectado en las aguas del Golfo de México.

En cuanto a su diversidad de especies, la riqueza de corales hermatípicos o formadores de arrecifes en México se ha estimado entre 63 y 81 especies, lo cual representa entre el 8 y el 10 por ciento de las especies conocidas globalmente (Carricart-Ganivet y Horta-Puga, 1993; Spalding et al., 2001). En la Figura a se muestra la diversidad de estas especies de coral en México para diferentes zonas geográficas. Como puede apreciarse, la zona con mayor diversidad corresponde al Caribe (45-56 especies), seguida por los arrecifes de las costas de Veracruz y Campeche (45 especies). En contraste, las zonas con menor número de especies son las Islas Marías y el Golfo de California (entre 7 y 13 y 12 especies, respectivamente). Con respecto a la diversidad de otros grupos presentes en los arrecifes, se han documentado cerca de 346 especies de peces asociados, de las cuales 245 habitan el Atlántico: 68% en el Golfo de México y 92% se encuentra a lo largo de la península de Yucatán.

Debe subrayarse que a pesar de no poseer una gran diversidad en especies de corales, México posee una valiosa riqueza en endemismos asociados a sus arrecifes. Roberts y colaboradores (2002), con base en el estudio de la distribución geográfica de diversas especies de peces, corales, caracoles y langostas, reconocieron a las zonas del Golfo de California y al Caribe occidental como dos de los 18 centros de endemismo de especies arrecifales más importantes en el mundo.

Presiones sobre los arrecifes coralinos

La riqueza natural de estos ecosistemas está en grave riesgo en México y el mundo. Las actividades antropogénicas que se llevan a cabo en la zona costera pueden tener fuertes impactos sobre estos ecosistemas. Se ha sugerido que la pesca es una de las actividades antropogénicas que más impactan a los arrecifes coralinos, tanto aquellos de zonas cálidas como a los de profundidad. La sobreexplotación de las especies comerciales y las artes de pesca que barren y destruyen el lecho marino son algunas de las prácticas más nocivas. Además de disminuir los tamaños poblacionales de las especies objetivo, afectan a los pastos marinos, esponjas, corales y erizos, entre otros muchos tipos de organismos. De igual modo, la sobrecolecta de especies ornamentales de coral (negro y rojo, por ejemplo), peces, anémonas y otros invertebrados como ejemplares de acuarios también daña a los arrecifes, alterando su estructura y dinámica.

La construcción de infraestructura (principalmente en lo que se refiere a puertos, marinas y diques para la navegación), la extracción de material de construcción (arena y piedra caliza para producir cemento o bloques) y el dragado de puertos y canales son algunos de las actividades más dañinas que genera la expansión urbana en las zonas costeras. Todas ellas remueven o dañan irreversiblemente la cubierta de los arrecifes y a sus especies asociadas, lo que, en el mediano o largo plazo puede causar la muerte de los corales y de toda su fauna asociada.

También las actividades turísticas afectan a estos ecosistemas, tanto por la demanda de infraestructura y de recursos naturales que requiere para su mantenimiento y crecimiento, como por las actividades recreativas que practican los turistas, tales como el buceo, que promueve el pisoteo y/o colecta de partes o ejemplares de coral y otros organismos cuando no está adecuadamente regulado. En México, esta industria ha crecido notablemente en las últimas décadas, especialmente en la costa este de la península de Yucatán. Cancún y Cozumel son dos de los destinos turísticos nacionales que más turistas atraen cada año, con alrededor de 3 millones, lo cual constituye una fuerte presión para los sistemas arrecifales de la zona.

El cambio climático global, identificado por el calentamiento global del planeta registrado en los últimos cincuenta años, constituye otra fuerte presión sobre los sistemas coralinos. El sobrecalentamiento del agua del mar, aunque también la contaminación y la exposición al aire, producen el llamado “blanqueamiento del coral”, resultado de la pérdida de las algas (zooxantelas) que viven como simbiontes en el interior de los pólipos coralinos, lo que produce que pierdan su coloración natural y adquieran un aspecto blanquecino. Aunque los corales pueden recuperarse si el estrés no es prolongado, en algunas ocasiones causa su debilitamiento, enfermedad y muerte. La temporada 1997-1998 (asociada con el fenómeno de El Niño) registró un evento masivo de blanqueamiento en el mundo, siendo más notable en el Océano Índico, en donde hasta 90% de los corales murieron a lo largo de miles de kilómetros cuadrados, incluyendo prácticamente todos los arrecifes de las islas Maldivas, el archipiélago de Chagos y las Seychelles (Spalding et al., 2001). En México, en el periodo 1990-2003, el 95% de los reportes de blanqueamiento de coral se registró entre 1997 y 2000, siendo 1999 el año con mayor número de registros. El 61% de los reportes en el mismo periodo provienen de los arrecifes del Caribe, 34% del Pacífico y tan sólo 4% de los arrecifes del Golfo. Los únicos años en los cuales los reportes muestran daños severos (blanqueamiento en 30% o más de los corales del sitio) fueron 1997 y 1998. En este último año, 71% de los reportes mostraron daños severos en los arrecifes (Figura b).

Conservación y protección de los arrecifes coralinos

El conocimiento del estado de conservación de la mayoría de los arrecifes mexicanos de aguas cálidas es escaso y fragmentario. Sin embargo, algunos esfuerzos internacionales encaminados a conocer el estado de los arrecifes del mundo han incluido a México. En 1998, el World Resources Institute (WRI), a través de la formación de un grupo en el que participaron diversos expertos y organizaciones (UNEP-WCMC y WorldFish Center, entre otras), intentó identificar el grado de amenaza de los arrecifes coralinos en el mundo. El estudio se basó en cuatro impactos antropogénicos de los que dispuso de información global: desarrollo costero, contaminación marina, sobreexplotación y pesca no sustentable y erosión y contaminación de origen continental (Bryant et al., 1998). Cabe señalar que el análisis de riesgo no incluyó otros factores importantes como la destrucción física directa de los arrecifes y el cambio climático global.

Los resultados permitieron calcular las áreas de riesgo de los arrecifes a nivel global, regional y de país según su grado de riesgo (alto, medio y bajo). Para el caso de México, el análisis estimó que cerca del 39% de sus arrecifes se encuentran en alguna condición de riesgo (Spalding et al., 2001). El Mapa b muestra el grado de riesgo de los arrecifes mexicanos. El estudio muestra que los arrecifes de la costa del estado de Veracruz (Tuxpan y el Sistema Arrecifal Veracruzano), los cercanos a los centros turísticos más importantes de Quintana Roo (especialmente los de Isla Mujeres, Punta Cancún y Punta Nizuc) y los de La Paz, en Baja California Sur y Cayo Arcas en Campeche, son los más amenazados.

Entre los arrecifes con grado de amenaza medio, el estudio señala a los de Cabo Pulmo en la costa oriental de Baja California Sur, la zona occidental de Arrecife Alacranes y Bajo Sisal en la costa yucateca, los arrecifes de la costa occidental de Cozumel y, en el sur de Quintana Roo, los cercanos a Xcalak. Debe mencionarse que, aunque este estudio no es definitivo en cuestión de la salud actual de los ecosistemas coralinos mexicanos, permite avanzar hacia la identificación de zonas susceptibles al impacto de algunos de los factores antropogénicos que afectan estos ecosistemas.

Con el objeto de proteger la riqueza en arrecifes coralinos que posee el país, la creación de áreas naturales protegidas (ANP) que incluyen arrecifes coralinos ha sido una de las estrategias de política ambiental más importantes. Actualmente, existen 13 ANP que protegen zonas con arrecifes de coral, nueve de ellas localizadas en el Golfo de México y el Mar Caribe y las restantes cuatro en la costa del Pacífico. También dentro del marco de la Convención de Humedales de Importancia Internacional Ramsar se han protegido zonas con arrecifes de coral. De los 51 sitios mexicanos inscritos dentro de la Convención, 11 tienen dentro de sus áreas zonas con arrecifes de coral.

Existen también leyes y normas mexicanas encaminadas a la protección de estos ecosistemas, algunas de las cuales actúan directamente o indirectamente como mecanismos de protección de los arrecifes o de las especies que los habitan. Entre ellas pueden citarse la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente (LGEEPA), el Reglamento de la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente en materia de Áreas Naturales Protegidas, la Ley de Pesca, la NOM-059-SEMARNAT-2001 (que enlista a las especies de flora y fauna en alguna condición de riesgo), la NOM-022-SEMARNAT-2003 (que establece las especificaciones para la preservación, conservación y restauración de los humedales costeros), la NOM-006-PESC-1993 (establece la regulación para el aprovechamiento de todas las especies de langosta), la NOM-008-PESC-1993 (ordena el aprovechamiento de las especies de pulpo), la NOM-013-PESC-1994 (establece la regulación para el aprovechamiento de las especies de caracol) y la NOM-029-PESC-2000 (que regula la pesca responsable del tiburón y especies afines). En materia de ecoturismo, existe la NOM-05-TUR-1998, que establece los requisitos mínimos de seguridad a que deben sujetarse las operadoras de buceo para garantizar la prestación del servicio y vigilar que las actividades se lleven a cabo sin dañar la flora y fauna silvestre acuática.

Fuentes:

Bryant, D., L. Burke, J. McManus y M. Spalding. 1998. Reefs at risk. A Map – Based Indicator of Threats to the World’s Coral Reefs.WRI, ICLARM, WCMC y UNEP. U.S.A. 1998.

Carricart-Ganivet, J. P. y G. Horta-Puga. Arrecifes de coral de México. En: Biodiversidad Marina y Costera. CONABIO-CIQRO. México. 1993.

Oliver, J., M. Noordeloos, Yusuf, Y., M. Tan, N. Nayan, C. Foo y F. Shahriyah. ReefBase: A Global Information System on Coral Reefs. 2004. Disponible en: http://www.reefbase.org.

Roberts, C.M., C. J. McClean, J. E. N. Veron, J. P. Hawkins, G. R. Allen, D. E. McAllister, C. G. Mittermeier, F. W. Schueler, M. Spalding, F. Wells, C. Vynne y T. B. Werner. Marine Biodiversity Hotspots and Conservation Priorities for Tropical Reefs. Science 295: 1280-1284. 2002.

Spalding, M. D., C. Ravilious y E. P. Green. World Atlas of Coral Reefs. WCMC-UNEP. University of California Press. Berkeley. USA. 2001.