Capítulo 8. RESIDUOS





Residuos peligrosos

Gran parte del crecimiento industrial, tanto en México como en otros países, se desarrolló en tiempos donde no se consideraban, y muchas veces tampoco se conocían, los efectos que los residuos peligrosos podrían tener en la salud humana y en el medio ambiente. Como consecuencia de ello, su manejo y disposición no estaban sujetos a la regulación gubernamental, promoviendo que un gran número de empresas generadoras de estos residuos contaminaran los suelos adyacentes y cercanos a sus instalaciones. Actualmente existe evidencia suficiente para demostrar la relación entre los daños a la salud y la exposición a los compuestos tóxicos presentes en los residuos peligrosos (ATSDR, 2004). Entre los episodios donde la disposición inadecuada de residuos peligrosos ocasionaron graves daños a la salud humana se pueden mencionar las intoxicaciones por mercurio y cadmio ocurridas en Japón en 1953 y 1960, así como la contaminación por el cromo dispuesto a cielo abierto y descargado en las aguas residuales en Tultitlán, Estado de México, entre 1974 y 1977 (Sedesol-INE, 1993).

De manera formal, los residuos peligrosos (RP) se definen como aquellos que, sustancial o potencialmente, ponen en peligro la salud humana o el medio ambiente cuando son manejados en forma inadecuada y poseen una o más características CRETIB: Corrosivo, Reactivo, Explosivo, Tóxico, Inflamable y Biológico-Infeccioso. La Norma Oficial Mexicana NOM-052-SEMARNAT-1993 establece sus características así como un listado de las mismas y los límites que hacen peligroso a un residuo.

Por sus características de corrosividad, reactividad, explosividad o inflamabilidad, un manejo inadecuado de los residuos puede ocasionar accidentes severos. Los RP que tienen características de toxicidad y la inclusión de agentes infecciosos pueden afectar a la población y demás elementos de los ecosistemas a través de la contaminación de las fuentes de agua, tanto superficial como subterránea (Sedesol-INE, 1993). Entre las enfermedades asociadas con la exposición a los RP están el cáncer, las malformaciones genéticas y los daños renales y hepáticos (Díaz-Barriga, 1996; Ostrosky et al., 1996).

La problemática asociada a los RP tiene dos grandes líneas; por un lado, la que se deriva de la presencia de sitios ya contaminados y que requieren su remediación y por el otro, aquella orientada a la prevención de la contaminación proveniente de las fuentes en operación. En el país, hasta el año 2004, se tenían identificados 297 sitios contaminados con RP, de los cuales 119 se habían caracterizado -esto es, se clasificaron y priorizaron de acuerdo al grado de riesgo que representan para la salud y el ambiente-, y 12 se consideraban como rehabilitados o en proceso de rehabilitación (Semarnat, 2005b y 2005c). Los estados que concentran el mayor número de sitios con RP son San Luis Potosí con 46 sitios que equivalen a poco más del 15% del total, el Estado de México alberga 30 sitios (10%), Aguascalientes reporta 28 sitios (9.4%), Coahuila 21 sitios (7.1%) y Veracruz 20 sitios (6.7%). El número de sitios con RP en los demás estados varía entre uno y diecinueve, a excepción de los cinco estados que no reportan ningún sitio con RP: Baja California Sur, Distrito Federal, Guerrero, Quintana Roo y Tabasco) (Mapa 8.3).

Generación de residuos peligrosos

El primer estudio sistemático para estimar la generación de residuos industriales peligrosos en México fue realizado por el Instituto Nacional de Ecología (INE) en 1994. Ante la falta de información sobre la cantidad de residuos generados por las industrias mexicanas, el estudio utilizó como base la generación de residuos industriales en Canadá, suponiendo que las industrias mexicanas con el mismo giro y características producirían una cantidad equivalente. De acuerdo con este estudio, en México se generarían alrededor de ocho millones de toneladas anuales de RP. Otra estimación del INE, realizada en 1996 a partir de la información manifestada por cerca de 3 mil empresas, dio un valor considerablemente menor al anterior, situando la cifra en 2 mil 74 millones de toneladas.

En 1999, la generación de RP de 12 mil 514 empresas que manifestaron sus residuos, se estimó en casi 3.2 millones de toneladas, en el año 2000, con la información de 27 mil 280 empresas, la generación de RP se calculó en 3.7 millones de toneladas, mientras que en 2004 esta cifra subió a 6.17 millones de toneladas de RP generados por 35 mil 304 empresas que lo manifestaron (Semarnat, 2005c). Este valor, que es una subestimación dado que no se contabilizó la generación de un gran número de micro, pequeñas y medianas empresas potencialmente generadoras de RP, se considera razonablemente cercano al real, ya que incluye a las principales industrias generadoras del país. Al considerar exclusivamente las cifras de las empresas que manifestaron generar este tipo de desechos en el año 2000, las entidades que más residuos produjeron fueron Guanajuato y el Distrito Federal que, en conjunto, declararon casi la mitad del total nacional (cerca de un millón 150 mil y 625 mil toneladas por año, respectivamente); en contraste los estados de Baja California Sur y Quintana Roo no sobrepasaron las 160 toneladas por año (Mapa 8.4).

Las fuentes generadoras más importantes de RP en el país son los sectores manufacturero y minero (Figuras 8.12 y 8.13). En 1996, la industria manufacturera generó 77% de los RP, mientras que el sector minero y petrolero fue responsable de la generación del 11%. Los tipos de residuos generados son muy diversos, estimándose que la mayor parte corresponde a sólidos generados a partir de las industrias textil, peletera, del asbesto, autopartes y otras. A estos le siguen los líquidos residuales de proceso, aceites gastados, escorias y disolventes.

De acuerdo con la Profepa, en el año 2003 operaban en México aproximadamente 26 mil establecimientos industriales y de servicios que generaban RP, dentro de los cuales destacaban las industrias química, automotriz y de servicios en materia de RP (Semarnat-Profepa, 2004).

En comparación con los RP industriales, los residuos biológico-infecciosos son definidos en la Norma NOM-087-SEMARNAT-SSA1-2002 como aquellos materiales generados durante los servicios de atención médica que contengan agentes biológico-infecciosos3, según son definidos en la norma, y que puedan causar efectos nocivos a la salud y al ambiente (DOF, 2003). Estos RP representan sólo 1.9% del total del RP generados. Entre los residuos biológico-infecciosos se encuentran la sangre, cultivos y cepas, los patológicos, materiales y objetos punzocortantes que contengan residuos de las muestras biológico-infecciosas con las que estuvieron en contacto. Dado que este tipo de residuos se genera principalmente en hospitales y clínicas (incluidas las veterinarias), una aproximación al volumen total producido se obtiene a partir de la generación promedio de estos residuos por cama en instituciones hospitalarias. De acuerdo con esto, para todo el país se estima una generación total de alrededor de 69 mil toneladas anuales, considerando que cada cama produce 1.5 kilogramos al día y que existen alrededor de 127 mil camas para la atención hospitalaria en el país.

En lo que se refiere a la intensidad de generación, para el año 2000 se generaron en promedio 2.71 kilogramos de RP por cada mil pesos de PIB (en pesos constantes de 1993). Pero esta generación no es uniforme en todo el país, ya que existen diferencias muy marcadas en el volumen de generación de RP entre los estados (Mapa 8.5). Existen 19 estados con una intensidad de generación menor a un kilogramo por unidad de PIB, es decir, generan menos de un kilogramo de RP por cada mil pesos que aportan al producto interno bruto nacional, mientras que 11 estados caen en el rango de uno a 10 kilogramos por unidad de PIB. Los dos estados que poseen la mayor intensidad de generación son Guanajuato e Hidalgo con 21.8 y 18.8 kilogramos por unidad de PIB.

Gestión y manejo de residuos peligrosos

En México, la importación de RP sólo se permite con el fin de reutilizar o reciclar los residuos, mientras que la exportación sólo se autoriza cuando quienes lo solicitan cuenten con el consentimiento del país importador y de los gobiernos de los países por los que transiten los residuos. Cuando se importan insumos para ser procesados y se generan RP mediante tales procesos, éstos deben retornar al país de origen, siempre y cuando hayan ingresado bajo el régimen de importación temporal. Esta modalidad ocasiona que, en México, se presenten tres tipos de movimientos transfronterizos: importaciones, exportaciones y avisos de retorno de RP, siendo estos dos últimos lo que se consideran en los otros países como exportaciones.

En el año 2004 se importaron un total 302 mil 838 toneladas para tratamiento y aprovechamiento; mientras que se exportaron 309 mil 112 toneladas (Figura 8.14). Del total de residuos exportados de 1995 a 2004, 86% correspondieron a recortes de perforación y 10% a baterías. Del total de importaciones, 74.7% correspondió a residuos sólidos y 23.5% a acumuladores. En los años 2001 y 2002 se observó un incremento importante de las exportaciones, debido a que aumentó el volumen exportado de los recortes de perforación. En lo que se refiere al retorno de RP al país de origen, en 2003 se reportaron 87 mil 305 toneladas y durante el 2004, 75 mil 419 toneladas (Semarnat, 2005c).

El manejo y/o disposición seguro de los RP se aborda de tres maneras. La primera es a través de acciones de prevención orientadas a la reducción de los volúmenes de generación de los RP que se liberan al ambiente. Entre las alternativas para la reducción del volumen de este tipo de residuos está la minimización de su generación, ya sea por reducción o eliminación de residuos derivados del cambio de tecnologías de producción (véase Minimización de residuos peligrosos). Otra estrategia consiste en la reducción de los RP por medio de su reciclaje y reuso, lo que maximiza su utilización antes de su tratamiento y disposición final. Por último, está el tratamiento de los residuos para reducir su peligrosidad o volumen.

Del año 2000 al 2004, la capacidad instalada acumulada para el manejo de RP industriales fue de casi 5.4 millones de toneladas. Los mayores avances se han registrado en la capacidad de reciclaje y tratamiento. Si se considera además la capacidad de manejo reportada para el año 1999 que fue de alrededor de 5.2 millones de toneladas, la capacidad actual de manejo a nivel nacional sería de aproximadamente 10.6 millones de toneladas. De acuerdo con los últimos datos disponibles por estado, la capacidad instalada se ha concentrado entre 2000 y 2004 en los estados de Nuevo León, Tamaulipas, México, Tabasco y el Distrito Federal (Mapa 8.6).

En lo que se refiere al tratamiento de los residuos biológico-infecciosos, la infraestructura ha crecido rápidamente, de manera que en la actualidad se cuenta con una capacidad instalada superior a la demanda de servicios. Se estima que durante el periodo 1999 a 2005 se alcanzó una capacidad autorizada de tratamiento in situ de 196 mil 249 toneladas y 20 mil 995 toneladas de capacidad de incineración. Los estados de Nuevo León, Distrito Federal y Puebla concentraron casi 100% de la capacidad de tratamiento in situ (Mapa 8.7), mientras que México, Hidalgo y Puebla concentraron cerca del 70% de la capacidad de incineración (Mapa 8.8). Debe mencionarse que un problema particular es que la infraestructura instalada tanto de transporte, como de acopio y tratamiento de RP no se ha adaptado a los pequeños o medianos generadores de residuos biológico-infecciosos, en particular, cuando se encuentran dispersos (Semarnat, 2005b).

De acuerdo con lo establecido en la Ley General para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos, los generadores y gestores de RP deben manejarlos de manera segura y ambientalmente adecuada (DOF, 2003). Para constatar lo anterior, la Profepa aplica los programas de inspección y vigilancia para verificar y promover el cumplimiento de la normatividad en materia de generación, transporte, tratamiento y disposición o confinamiento de RP (Semarnat-Profepa, 2003). Por medio de las visitas de inspección se identifican irregularidades, se dictan medidas correctivas y se imponen clausuras en caso de presentarse irregularidades graves que representen un riesgo inminente de desequilibrio ecológico, daño grave a los recursos naturales o contaminación con repercusiones peligrosas para los ecosistemas o la salud pública. El cumplimiento de estas medidas correctivas se vigila mediante las visitas de verificación. Los resultados de estas visitas muestran la condición de los generadores de RP, desde el punto de vista del cumplimiento de la normatividad.

A nivel nacional, en el año 2003, 27% de los establecimientos visitados que generaron RP cumplió con la normalidad respectiva, 70% presentó irregularidades leves y 3% cayó en irregularidades graves que podían significar un riesgo, por lo que se estableció su clausura (Figura 8.15). Entre las entidades federativas que presentaron más irregularidades graves destacan: Sonora con 51% de clausuras (41 clausuras) respecto al total de visitas de inspección y Coahuila con 21% (22 clausuras). En el caso de Quintana Roo que reportó 16% de clausuras, cabe mencionar que el total de visitas fue mucho menor al de Sonora y Coahuila. Los estados que tuvieron un mayor porcentaje de visitas sin irregularidades fueron Nuevo León (67%), Sinaloa (63%) y Morelos (60%) (Figura 8.16).

En el 2003, la Profepa también realizó 486 visitas de verificación del cumplimiento de la ley en la clasificación, separación, envasado, almacenamiento, recolección, transporte, tratamiento y disposición final de residuos biológico-infecciosos. De estas visitas, solamente en un caso se aplicó la clausura parcial-temporal como medida de seguridad por incumplimiento grave a la ley. Sin embargo, esta industria destacó como la de mayor cumplimiento de la normatividad ambiental (Semarnat-Profepa, 2004).

Otro instrumento de gestión que se aplica para la prevención de la contaminación son las auditorias ambientales, las cuales implican acuerdos voluntarios entre las empresas y las autoridades que permiten la revisión de aspectos no regulados por la normatividad, todo ello con el fin de lograr una gestión integral de las empresas. Las auditorias incluyen la evaluación de la contaminación del agua, aire y suelo por RP y no peligrosos, así como aspectos de riesgo, higiene y seguridad industrial (véase el capítulo de Instrumentos de Planeación).


3 Agente biológico-infeccioso: cualquier microorganismo capaz de producir enfermedades cuando está presente en concentraciones suficientes (inóculo), en un ambiente propicio (supervivencia), en un hospedero susceptible y en presencia de una vía de entrada.

 

Responsable: Dirección General de Estadística e Información Ambiental
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